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- SEXTO ENCUENTRO - SAN ANDRÉS 2008 En la concepción MED, el foco es la mujer y la acción se refiere sobre todo a sus necesidades prácticas, lo cual complementa el desarrollo y capacita a las mujeres para participar en el desarrollo; el desarrollo operativo de esta concepción se concreta a través de proyectos para mujeres, o de componentes separados para mujeres en los proyectos generales. Mientras que en la idea GED, el foco está puesto en las determinaciones de género de mujeres y hombre, y en los intereses estratégicos de las mujeres; el objetivo es la equidad de género y el disfrute compartido de los resultados del desarrollo y las mujeres son sujetos del desarrollo, como lo son los hombres. Durante los años noventa se produce un esfuerzo por integrar el enfoque de género en los proyectos, si bien lo cierto es que la puesta en práctica se hace también a través de proyectos para mujeres y de componentes separados para mujeres, cuya principal diferencia se refiere a la mayor atención que se presta a los intereses estratégicos de las mismas. Esta contradicción entre la perspectiva conceptual del GED (enfoca las determinaciones de género y no sólo a las mujeres) y su desarrollo operativo (las mujeres siguen siendo las agentes y las beneficiarias) se ha mantenido desde los años ochenta, y es parte de las razones por las que se plantea su crítica y modificación desde fines de los años noventa, cuando tiene lugar una segunda transición en el enfoque GED, correspondiente a la creciente percepción de que es necesario superar la inconsistencia entre una perspectiva de género amplia en lo teórico pero reducida a las mujeres en el campo técnico y operativo, algo que está conduciendo a la idea de que es necesario un cambio estratégico que se oriente hacia un enfoque de género . Estos nuevos planteamientos presentados en el encuentro se han manifestado también en las últimas conferencias internacionales sobre la materia. Dos temáticas emergentes han sido subrayadas en la Resolución de la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas, denominada Beijing. Por un lado, el énfasis que contiene el documento acerca de los efectos contradictorios de la globalización y los más nocivos del ajuste estructural económico en los países en vías de desarrollo; por el otro, la atención que hay que prestar a la integración de los hombres en el cambio de las relaciones de género. De la búsqueda de propuestas que enfrenten mejor estos nuevos desafíos se producen varios intentos paralelos y convergentes en diferentes países. En el mundo anglosajón comienza a hablarse de la "engendered society" o sociedad con perspectiva de género. En la Europa del sur, principalmente en Italia y España, se plantea la idea de un cambio en el contrato social entre los géneros. Es en Alemania donde la propuesta adquiere una mayor formalización y se denomina explícitamente "democracia de género". i'viás allá de cuál sea la denominación específica que se adopte, parece evidente que el proceso de evolución paradigmática señala una transición desde un enfoque centrado únicamente en las mujeres, que pasa a otro más amplio basado en la categoría de género, y que tras un período, donde frecuentemente se confunde género con mujeres, se está accediendo a una perspectiva de género -que comprende al conjunto de la población, reconoce identidad y roles de género en mujeres y hombres y se ocupa principalmente de las relaciones entre ambos géneros. En este orden de ideas el género, como categoría de análisis, ayuda a explicar los cambios en la posición y condición social de las mujeres y los hombres al igual que determinadas 408

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