Libro

Prohibitorumª por el Santo Oficio de la Inqui– sición que había causado impacto en el Viejo Continente. El CapiMn de la guardia del Vi– rrey José de Ezpeleta, Cayetano Ramfrez de Arellano puso en manos del futuro Precur– sor, la Historia de la Revolución de 1789. De inmediato Antonio Nariño, un diestro lector, devora el libro con su acostumbrada pasión, y en sus páginas, por un golpe maravilloso del azar, descubre el Decálogo reciente de la humanidad: el texto de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. En su interior se despierta un volcán con ansías de explotar. Ahí estaba el mensaje añorado por todos los seres humanos sometidos a la abominable esclavitud. Era la guerra del pueblo sometido durante siglos contra la fatuidad de las cabezas coronadas. En otros términos el pueblo es ahora el rey. La mente de Nariño despertó como una sorprendente alborada. Una frase le impactó: "Las distin– ciones sociales no pueden ser fundadas, sino sobre la utilidad común. Se estremeció. Ha– bía comenzado el reino de la voluntad gene– ral. Todos los seres humanos somos iguales: el supuesto noble, el burgués, el plebeyo. La soberanía es sinónimo de Nación. Con las ideas de la Revolución Francesa se podía iniciar la revolución en la Nueva Granada contra esos "chapetones" engreídos que miraban a los criollos y a los indígenas como seres inferiores. América tiene la capacidad intelectual de gobernarse a sí misma. En el interrogatorio al que fue sometido por las autoridades reales, luego de ser acusado por traición al Rey, Antonio Nariño narra el episodio que lo condujo a dar el paso más crucial en el alba de la Independencia de Co– lombia : "Yo tenla una imprenta, y mantenfa a mi sueldo un impresor. Vino a mis manos un libro y vino de las manos menos sospecho– sas que se pueden imaginar [un sobrino del virrey]. Fuera de esto se me dio sin reserva. Encontré en él los Derechos del Hombre, 8 El lndex llbrorum Prohibitorum et Expurgatorum, en español •Indice de libr0$ prohibid0$•, también llamado lndex Expurgatorius, es una lista de aquellas publicaciones que la Iglesia (atólica catalogó como libros perniciosos para 1a fe; ademas estableda. en su primera parte, las normas de la iglesia con respecto a la censura de tos libros. que yo había leído esparcidos aquí y allí en infinitos libros y en los papeles públicos de la Nación. El aprecio en que aquí se tiene el espfritu de los mejores diarios, en donde se encuentran a la letra los mismos pensamientos, me exci– tó la idea de que no tendría mal expendio un pequeño impreso de los derechos del hom– bre, trabajado por tantos sabios. Esto es he– cho, tomo la pluma, traduzco los derechos, voyme a la imprenta usando de la confianza que para imprimir sin licencia he merecido al Gobierno, entrego delante de todos el ma– nuscrito al impresor que lo compuso aquel mismo día. En estos intermedios me ocurrió el pensamiento de que habiendo muchos li– teratos en esta capital. que compran a cual– quier precio un papel bueno, como que he visto dar una onza de oro por el prospecto de la Enciclopedia, sacaría más ganancia del impreso, suponiéndolo venido de fuera; y encerrado con el impresor tiro los ejemplares que me parecieron vendibles, ciento poco más o menos, encargo al impresor el secreto que era regular para dar el papel por veni- ser perjudicial. Inmediatamente, sin exigirle los fundamentos de su aserción. noobstante de estar yo satisfecho de que todo lo que el papel contenía se ha impreso en Madrid y corre por toda la Nación, traté de recoger los dos únicos ejemplares que andaban fue– ra de mi casa, y todos los otros los quemé al instante" . El texto despertó no sólo curiosidad, sino que en las entrañas de muchos intelectua– les crujió el deseo de alzar el vuelo, y ganar esa Libertad que habían ganado los france– ses. La Real Audiencia hizo indagaciones, y al poco tiempo, Antonio Nariño inició su largo itinerario de cárceles, por cumplir con el llamado de su conciencia que como bien lo expresa Santo Tomas de Aquino, es la luz que nos dice lo que se debe hacer y lo que se debe evitar, y esta misma luz de la conciencia le advirtió al Precursor de nuestra Indepen– dencia que, ningún ser humano ha nacido para ser esclavo de nadie. La Iglesia Católi– ca acudió al Virrey, quien al enterarse de la traducción ordenó la detención de Antonio Nariño, acusado de ateo. Las cabezas de los do de España, salgo con unos ejemplares de aristócratas de la Nueva Granada sintieron la imprenta y encuentro al paso comprador para un ejemplar, doy otro a un sujeto y aquí paró la negociación. Porque un amigo me advirtió luego que atendidas las delicadas circunstancias del tiempo, este papel podía un frío intenso en la nuca, al ver cernida so– bre ellos la implacable guillotina que habla cercenado en un segundo la augusta cabeza de Luis XVI y de la reina consorte María An– tonieta de Habsburgo-Lorena. (Í} Jonio 2010 !Reviste Judicial ¡ ss

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