"In memoriam" Un homenaje al legado de los magistrados de la Corte Constitucional
334 ‘In memoriam’ Jorge Arango Mejía CONTENIDO Un legado de integridad, servicio, cultura y buen sentido del humor Catalina Hoyos Jiménez Luego de que su libro de Derecho Civil Personas hubiera sido uno de mis primeros contactos con la literatura jurídica cuando comencé mis estudios de Derecho, conocí al doctor Jorge Arango Mejía en febrero de 2017, en un momento crucial para los dos. Él, con varios años a cuestas, enfrentaba los estragos de una deficiencia pulmonar que amenazaba su corazón y su vida. Yo, por mi parte, acababa de culmi- nar un tratamiento difícil, marcado por la lucha contra una enferme- dad que puso a prueba mi cuerpo y mi espíritu. En ese contexto, fuimos designados árbitros del tribunal arbitral de la Ruta del Sol 2, un caso emblemático que representaba el coletazo en Colombia del escándalo de corrupción de Odebrecht, que había inicia- do con la operación Lava Jato en Brasil y que tuvo repercusiones que trascendieron nuestro continente. Este asunto, que debía resolverse en derecho, tenía profundas implicaciones para la historia, la política, la institucionalidad y el resguardo de principios supremos, aspectos en los cuales Arango Mejía era un verdadero experto. Junto con el doc- tor Carlos Mauricio González Arévalo, emprendimos el reto de decidir una controversia llena de desafíos y marcada por la presión mediática, la complejidad jurídica y los trágicos eventos que la rodearon. En unos pocos meses nos pasó por el frente la muerte de un testigo y un abo- gado del caso, un accidente en Chile que le costó un coma a la fiscal con quien intercambiábamos pruebas, y la enfermedad y muerte de nuestro primer árbitro presidente, quien fue precisamente el doctor Arango Mejía. En medio de estas circunstancias, entre largas jornadas de trabajo, discusiones jurídicas y momentos de tensión, nació entre los dos una amistad profunda y significativa, muy a pesar de que durante varios meses me llamó “doctora Natalia”. Su carácter jovial, su sentido del humor y esa mirada de niño que iluminaba sus ojos cada vez que compartía sus ideas o escuchaba con atención, dejaron una hue- lla imborrable en mí. A menudo, sus palabras eran una mezcla de
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