"In memoriam" Un homenaje al legado de los magistrados de la Corte Constitucional
325 Un homenaje al legado de los magistrados de la Corte Constitucional CONTENIDO En 1982, cuando ya había decidido dejar la política, por expresa peti- ción del expresidente Lleras, aceptó la invitación de Luis Carlos Ga- lán para encabezar la lista al Senado del incipiente Nuevo Liberalis- mo. Los resultados esta vez fueron menos alentadores, a pesar de la inmensa popularidad y el entusiasmo que despertaba en el Quindío la candidatura de Galán por sus ideas renovadoras y su juvenil figura. A principios de 1983 fue nombrado embajador ante la República So- cialista de Checoslovaquia. Durante su gestión intentó incrementar el comercio bilateral, tarea que no resultaba fácil debido a las estrictas políticas comerciales del régimen. Con el propósito de incentivar el conocimiento y consumo del café, promovió la apertura de un local para vender café colombiano en Pra- ga, proyecto nada fácil, teniendo en cuenta las trabas burocráticas, pero que logró culminar con el concurso de la Federación Nacional de Cafeteros y el Ministerio de Relaciones Exteriores. Creo que este café fue el precursor de las tiendas que a lo largo y ancho del mundo se ins- talarían muchos años después bajo la marca Juan Valdez . No sé cuál fue la suerte del café de Colombia de Praga, que al inicio prometía ser un gran suceso, pues tenía una excelente ubicación en uno de los ex- tremos del famoso puente de Carlos IV al ingreso del centro histórico. En marzo de 1984 regresó a Colombia para asumir la Secretaría Ge- neral de la Federación Nacional de Cafeteros, donde posteriormente ocupó el cargo de superintendente General de Evaluación y Control, y finalmente la Dirección Jurídica. Su paso por la Federación le permitió acrecentar sus conocimientos sobre política cafetera y parafiscalidad. De esa época recordaba con especial afecto a Alfonso Palacio Rudas, quien religiosamente pasa- ba por su oficina antes de las reuniones del Comité Nacional de Ca- feteros para tomar tinto y charlar. Palacio, empedernido fumador de Pielroja, fue la única persona que vi fumar en su oficina. Alguna vez le pregunté por qué razón el doctor Palacio Rudas sí podía fumar en su oficina y yo no. Con absoluta calma me contestó: “Vea, mijo, cuando usted haya hecho la milésima parte de las cosas que ha hecho ese señor, viene y vemos a cuántos cigarrillos tiene derecho”.
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