"In memoriam" Un homenaje al legado de los magistrados de la Corte Constitucional
310 ‘In memoriam’ Alejandro Martínez Caballero CONTENIDO Cuando me retiré de la Corte Constitucional, mantuve una estrecha relación de amistad con el Dr. Martínez Caballero, al cual seguiría hasta su muerte. Tengo que manifestar que no solo fue mi jefe, sino también mi director de tesis, mi padrino de matrimonio, mi mentor y mi amigo. Una de las características que marcaron a Martínez Caballero fue su pasión por la música clásica, la lectura y los libros, principalmente de derecho público. En sus últimos años, su colección de libros se amplió con obras sobre derecho constitucional y la sociología jurídica, a tal punto de tener cubierta la mayoría de las paredes de su apartamento y oficina con una de las mejores bibliotecas particulares del país en esos temas. Otras de las improntas que marcaron su personalidad es la cultura caribe, dada su extracción magdalenense, que precisamente lo llevó a congeniar con sus compañeros de la Corte Constitucional, Fabio Morón Diaz, Hernando Herrera Vergara y Antonio Barrera Carbonell, con quienes también compartía el espíritu liberal. Ese carácter caribeño estoy seguro de que determinó esa personali- dad que buscaba consensos, sin sacrificar principios irrenunciables, además de su frescura y practicidad en el diseño e implementación de soluciones a complejos problemas que se sometían a su sabiduría. También tuvo una especial afinidad con los magistrados Ciro Angarita Barón, Eduardo Cifuentes Muñoz, Alfredo Beltrán Sierra y Carlos Ga- viria Diaz, con los que compartió diversas posiciones que permitieron el avance de la sociedad colombiana, así como emitió votos en disenso de la mayoría, todo ello en favor de la defensa de una visión garantista de un Estado Social de Derecho. En general, tuvo cercanía con todas las personas que compartió ma- gistratura. En algún momento de su periodo tuvo la grata experiencia de encontrarse con sus compañeros de pupitre en el Rosario; Vladimi- ro Naranjo Mesa y Álvaro Tafur Galvis. También recuerdo su entraña- ble amistad con José Gregorio Hernández Galindo, a quien cataloga- ba como un “conservador progresista”.
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