"In memoriam" Un homenaje al legado de los magistrados de la Corte Constitucional

236 ‘In memoriam’ Carlos Gaviria Díaz CONTENIDO los mitos platónicos y una especial dedicatoria que decía: “A Martha Cecilia, una amiga entrañable con quien comparto mi pasión por los libros”. Nuestro “último encuentro”, al compás de Sandor Márai, fue en la navidad de 2014, cuando curiosamente no nos dimos libros de regalo como era lo usual, pero en una larga conversación nos deseamos un feliz año. Anecdótico, contador de historias, Gaviria era un gran epicú- reo que gozaba de las buenas conversaciones y de la buena mesa (ese es el último recuerdo que me devuelve la memoria). El deterioro de las altas cortes en esa época fue, hasta sus últimos días, su principal preocupación, y en marzo del 2015 lo vimos partir. No dejé de visitarlo en la clínica donde murió. Quise asegurarme de que estuviera acompañado por la sutileza de las últimas expresiones de cariño, y de la fuerza de la gratitud. Quise también decirle al oído que hasta el final del camino había sido fiel a Sándor Márai, porque “los grandes hombres responden con su buena vida a las preguntas más importantes de la existencia” (Márai, página 107), y que, con cer- teza, un opus de Brahms, quizás el 49, lo esperaba en el cielo. Junto a María Cristina, su hijo, sus hijas y su fiel amigo Rodolfo Arango rendi- mos el mismo día de su muerte un tributo silencioso a quien tanto nos enseñó: a Carlos Gaviria, una deuda impagable y un homenaje eterno al maestro de maestros.

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