"In memoriam" Un homenaje al legado de los magistrados de la Corte Constitucional

227 Un homenaje al legado de los magistrados de la Corte Constitucional CONTENIDO el estudio de Kelsen, pues ya nadie podía concentrarse en cuestiones muy profundas. Por invitación de Gaviria nos dedicamos entonces a compartir adivinanzas. Las de Carlos Gaviria, tengo que admitir, eran complejísimas, pero nos hicieron reír porque ninguno fue capaz de descifrarlas. Cuento esta anécdota no solo porque fue un momento muy divertido de ese curso, sino porque quiero resaltar la candidez con la que Gaviria impartía sus clases y su gran humor. A pesar de su figura y erudición, era un profesor muy cercano que gozaba profunda- mente de su labor como docente. Ya he dicho aquí que el Gaviria profesor no se limitó al salón de clase. En todas sus facetas fue un educador por naturaleza. En la Corte, se ve con claridad en sus sentencias 20 , pero también en todo lo que nos enseñó a sus colaboradores. Al igual que conté en otro espacio 21 , con frecuencia nos llamaba a su oficina con mensaje de urgencia y nos decía: es hora de leer poesía. No recuerdo cuál fue el último poema que nos leyó, pero sí que se trataba de uno de Jaime Sabines, pues en seguida salí a la librería a comparar ese libro. También recuerdo los múltiples espacios que Gaviria nos abrió en su despacho para la literatura y la cultura. Por ejemplo, con mucha fre- cuencia nos regalaba y recomendaba libros de temas variados. Como tenía dos copias, me regaló Fundamental Legal Conceptions. As applied in Judicial Reasoning, de W. N. Hohfeld, un libro que lo marcó y que recogió en varios de sus escritos. Para mí ese libro es muy espe- cial porque tiene la firma de Carlos Gaviria, con la leyenda del lugar y del momento en el que lo leyó: “Cambridge, Jan 1971”. Una vez, pero muy a regañadientes, me prestó Filosofía del Como Si, de Hans Vaignger, un libro del que se ufanaba de tener una copia y que fue el punto de partida de un bello ensayo al que me referiré más adelante. En su despacho leímos, entre otras, las obras de Simone Weil, Hanna Arendt, H. L. Hart y, por su puesto, Kelsen. De literatura me regaló varios libros de Héctor Abad Faciolince, no solo porque le gustaba su escritura sino también porque era el hijo de su amigo del alma, asesi- nado en la época en la que a él también le tocó salir al exilio. También 20 De hecho, releyendo las decisiones con ponencia de Gaviria, queda muy claro su maestría en el método Socrático en sentencias como la C- 221 de 1994 y la C-87 de 1998. 21 Ángel Cabo, Op. Ci t.

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