"In memoriam" Un homenaje al legado de los magistrados de la Corte Constitucional

195 Un homenaje al legado de los magistrados de la Corte Constitucional CONTENIDO Legado y liderazgo: tras la huella de Simón Rodríguez Rodríguez Mario Iguarán Arana Hablar de Simón Rodríguez Rodríguez es hablar de uno de los gran- des juristas que ha tenido, no solo Colombia en estos más de 200 años de período republicano, sino del único gran jurista que ha tenido la oportunidad y el honor de estar en las tres más altas Cortes: fue consejero de Estado, perteneció a esa gran edad de oro de la Corte Suprema de Justicia y, sobre todo y tal vez por eso sea mayormente recordado, fue el primer presidente de la Corte Constitucional, que se originó con la Constitución de 1991. El doctor Simón Rodríguez Rodríguez, a quien tuve la oportunidad de conocer como magistrado auxiliar de la Corte Constitucional, no solo era una persona totalmente afable, íntegra y sincera, sino también y, sobre todo, era un jurista y jurisconsulto en el sentido clásico de la palabra, quien, aun a pesar –o tal vez por eso mismo– de su ideología conservadora entendió como nadie la coyuntura social, política y jurí- dica que se vivió con la Séptima Papeleta, y, de manera consecuente, entendió la importancia del cambio que significó la innovación de un Máximo Tribunal que sirviera como garante de esos principios axioló- gicos que se condensaron en la Carta Política que se sancionó en 1991. Antes de entrar a poder entender el legado del doctor Simón Rodrí- guez al derecho, es importante reseñar muy brevemente quién era él: el doctor Rodríguez Rodríguez era de esa estirpe de personajes cultos, letrados que ha dejado la Costa Caribe, con quien uno se podía quedar conversando de diversos temas por horas y horas, escuchando no solo sus anécdotas sino también las últimas corrientes de temas tan varia- dos como la literatura, música o arte. Era una persona que además de buen lector era un excelente conversador. Pero si pudiese resaltar una sola característica que hacía único al doctor Rodríguez Rodríguez sería la de incansable. Un jurista que no rehuía a las discusiones jurí- dicas, que vivía el derecho en jornadas de casi 24 horas, y una energía sin igual que fue empleada a fondo en esos primeros años de la Corte Constitucional.

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