Revista voces de justicia mujeres líderes IV Encuentro de la Jurisdicción Discplinaria

IV ENCUENTRO DE LA JURISDICCIÓN DISCIPLINARIA 19 COLUMNAS DE OPINIÓN EL MAZO DE UNA MUJER C omo complemento a las distintas intervenciones y pun- tos de vista expuestos durante el IV Encuentro de la Ju- risdicción Disciplinaria alrededor del enfoque de género, la Comisión Nacional de Disciplina Judicial se honra con la par- ticipación de tres mujeres que desde su rol en la sociedad y una óptica ajena a la Rama Judicial, plasman su pensamien- to, su lectura de país y su mensaje alrededor del lema “Vo- ces de Justicia, Mujeres, Líderes”. Nuestra gratitud y recono- cimiento a cada una de ellas por su labor; estamos seguros que esta nueva contribución de su parte a la construcción de un mejor país no va a ser estéril, sino que va a dar fruto por- que su voz es trascendente y referente para las acciones que todos debemos emprender en aras de proscribir toda forma de maltrato y discriminación contra las mujeres en Colombia. María de los Ángeles llegó hace 8me- ses a Bogotá con sus dos hijos. Toda- vía con las heridas de la última golpi- za que le dio su pareja Enrique, pidió posada donde una conocida, aunque más que un lugar donde vivir, pedía protección. No la consiguió. No fue difícil para Enrique encontrarla, atacarla y asesinarla. María de los Ángeles ya no está, Enrique está en la cárcel y los pequeños, Estefany de tres años y Dayan de cuatro, con un futuro incierto, en manos del Bien- estar Familiar. Ahora son dos huér- fanos mas del feminicidio que nunca tendrán reparación total. Para ellos la cárcel a su papá, así sea cadena perpetua, no será justicia, ni sufi- ciente ni insuficiente. Justicia sería poder tener un hogar, una madre que se preocupe por ellos, un siste- ma que no los sume como estadística sino como una tarea para reparar la sociedad; sería volver a tener las mismas oportunidades que les arre- bató el crimen; justicia sería un sis- tema empático que se preocupe por sanar su futuro y no por sentenciar su presente. Una justicia así, integral, que sea cie- ga con el victimario pero que se quite la venda con las víctimas solo podría impartirla una mujer con la sensibi- lidad de una madre y con el entendi- miento sobre la anulación histórica al rol generacional. El papel de una mujer frente a los casos de feminicidio no se limitaría a la víctima y podría ser profunda- mente transformador, ya que apor- taría una sensibilidad especial ha- cia las necesidades emocionales y de protección de los niños. A través de sus decisiones, una jueza puede centrarse en la reparación integral, buscando que el fallo no solo impon- ga una condena, sino que incluya medidas de apoyo concreto para los hijos de la víctima, como acceso a atención psicológica, oportuni- dades educativas y otros recursos que ayuden a mitigar los efectos del trauma. Desde una perspectiva de cuidado, una jueza puede implementar me- didas que protejan a los menores durante el proceso judicial, evitando que revivan el dolor y limitando su exposición a situaciones que podrían reabrir sus heridas emocionales. En casos donde los niños quedan bajo custodia de familiares o en el siste- ma de protección estatal, su sensibi- lidad hacia el impacto de la violencia puede permitirle evaluar cuidadosa- mente los entornos donde serán ubi- cados, garantizando que reciban un hogar seguro y estable que les ofrez- ca un verdadero refugio. Además, una jueza con empatía ha- cia estos huérfanos puede ser una voz que impulse políticas públicas en su favor, abogando por progra- mas de apoyo específicos que les garanticen acceso prioritario a ser- vicios de salud mental, becas o sub- sidios educativos, y cualquier recur- so que les permita reconstruir sus vidas. Al abordar cada caso con este enfoque, una mujer no solo cumple con la ley, sino que ayuda a sentar precedentes para que el sistema judicial trate los efectos del femini- cidio en los hijos huérfanos con ma- yor sensibilidad. En lugar de verlos como víctimas colaterales, su com- promiso es asegurar que el sistema no los abandone y les brinde una posibilidad de futuro. Su rol, enton- ces, se convierte en un pilar en la re- construcción de sus vidas, tratando de restituir lo que el feminicidio les arrebató. Y sí, no es la tarea de una sola jueza, ni de varias, debería ser el propósito de muchas mujeres juntas en cargos de poder y con competencias, desde su instancia, para impartir justicia y y darle un vuelco al Estado y sus políticas públicas. Es el momento para Colombia. No podemos desa- provechar que en nuestro país por primera vez y al mismo tiempo es- tán al frente de cargos tan impor- tantes mujeres: Ángela María Bui- trago como ministra de justicia, Luz Adriana Camargo como Fiscal, Iris Por: Maritza Aristizábal Presentadora de Noticias RCN

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