Revista CJD Final
II. EL PROCESO DISCIPLINARIO EN CLAVE RESTAURATIVA: DEL ESCENARIOTRAUMÁTICO AL ESCENARIO SIMBÓLICO En el apartado anterior abordamos el proceso judicial como escenario simbólico de encuentro en el que el trabajo de hacer memoria aparece como elemento esencial en la construcción de una nueva realidad a partir de los hechos victimi- zantes que constituyen falta disciplinaria. En tér- minos de A. BERISTAIN, no de la nada, sino des- de la cosa dañada; desde y con las ruinas 24 . A partir de esta cosmovisión del espacio judicial, el proceso se revela como un encuentro afectante y conflictivo entre las víctimas (que debieran po- der intervenir activamente como sujetos proce- sales, tal como lo hemos planteado. Mientras esa participación esté limitada, se estará negando la posibilidad de humanización del sistema), la so- ciedad, y el autor, el cual se inicia con la comi- sión de la falta (escenario traumático), continua durante el proceso a través de su reunificación y, por recreación, prepara y aboca la fase posterior (escenario simbólico): la sanción 25 . Desarrollemos lo planteado: Al referirnos al proceso judicial como un encuentro , esta idea expresa una idea mitad pesimista, mitad optimista de la relación interhumana; infiere el hecho de topar con otro hombre de un modo más o menos hostil. Cuando un hombre se en- cuentra con otro emerge su condición humana en la que sin perder su propia configuración, comparte con los demás una situación de con- vivencia en la cual los demás están implica- dos en él interviniendo en su situación con su propia situación, y son los demás hombres los que, en una o en otra forma, se han entrevera- do, y han intervenido, en su vida 26 . El encuentro interhumano no se produce siempre de la misma manera. Siguiendo a P. LAIN ENTRALGO 27 , el acto de encontrarse un hombre con otro puede tipificarse de diversos modos según como se mire. En primer lugar, por la intensidad de la relación que entre uno y otro se establece, el encuentro interhumano puede ser: no afectante cuando no conmueve a quie- nes participan en él (indiferencia afectiva), y rá- pida y definitivamente se olvida (fugacidad de la huella mnémica); o afectante cuando hace que quienes se encuentran participen en la situación vital creada y deja en sus participantes una hue- lla mnémica más o menos duradera. En segundo lugar, por el sentido vital que tiene el encuentro para quienes se encuentran; puede ser dilectivo, si es grato y se realiza en el ámbito de lo que ge- néricamente se conoce como amor, o conflictivo, si, por el contrario, no es grato, y se hace reali- dad en el marco de aversión o el odio. Y en tercer lugar, por lo que el ser humano con el que se encuentra signifique. Así, puede considerarse al otro como un objeto, haciendo caso omiso de su condición de persona; como persona cognosci- ble, si lo que se pretende es solo saber quién es; y como persona amada, cuando no basta solo con saber quién es, sino que es necesario darse al «otro» por el mero hecho de ser hombre. El proceso judicial se presenta como un escenario de encuentro que podríamos calificar de afec- tante y conflictivo , pues influye en el curso de la existencia de sus protagonistas, afecta sus inte- reses vitales y llega a perdurar por mucho tiem- 24. ANTONIO BERISTAIN IPIÑA, Criminología, Victimología y Cárceles, Tomo I, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, Fac. Ciencias Jurídicas, Colección Profesores No. 22, Bogotá D.C., 1996, p. 274. 25. Cfr. Antonio BERISTAIN IPIÑA, Criminología y Victimología. Alternativas Re-creadoras al delito, Editorial Leyer, Santafé de Bogotá, 1999, p. 214. 26. Xavier ZUBIRI, Sobre el Hombre, Alianza Editorial, Fundación Xavier Zubiri, Madrid, 1998, p. 234. 27. Pedro LAIN ENTRALGO, Teoría y Realidad del Otro, Alianza Editorial, Madrid 1983, p. 408 y ss. 14
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