Derecho Jurisdiccional Disciplinario

Derecho jurisdiccional disciplinario, desde un enfoque ético, deontológico y preventivo 47 embargo, con anterioridad Hannah Arendt y George Orwell, a mediados del siglo XX anunciaron el decreciente interés de la sociedad por la verdad episteme y su reemplazo por la opinión doxa. Cabría preguntarse entonces en qué escenarios se despliega la mentira disfrazada de verdad. El principal escenario prodigado por el Nuevo Desorden Mundial y su fruto tan pre- ciado como lo son las TIC y las Redes Sociales, la Verdad queda “enredada socialmente”, mediante una torpe manipulación informativa o fake news con el empobrecimiento del debate público, el desprecio por las opiniones informadas, y la conversión de burbujas tribales y virtuales donde sus integrantes estandarizados se nuclean bajo el pensamiento único y unificado, repeliendo agresivamente al distinto. Esta enunciación inacabada de las circunstancias crece o decrecen según la cercanía que se tenga con las ciudades, la realidad social y antropológica del lugar, la existencia de más media y redes sociales, por cuanto tales fenómenos producen una fuerza gra- vitacional centrípeta, a la manera astronómica de ese “objeto” llamado Agujero Negro que absorbe todo tipo de materia de manera inevitable en virtud de su fuerza superlativa irrefrenable. Paradojalmente, la superficie del agujero negro se la denomina “horizonte de eventos” u “horizonte de sucesos”. En nuestra singular actualidad, las Redes Sociales convocan con fuerza implosiva, que empequeñecen la esencia de muchos de los componentes humanos de las polis modernas. Tal fuerza con capacidad de homogeneizar con pocos matices las mentes de esta aldea global occidental, es nuestra actual y preponderante colmena de consumo y esparcimien- to, aunque cada vez llegue a menos habitantes. En estas urbes viven los seres humanos y mascotas con diferentes roles de carácter público o privado, con similar origen y destino antropológico, pero no sociocultural. La Judicatura también sufre el huracán postmoderno, y según su bagaje cultural puede asumir el rol de observador razonable de la realidad y administrarlos con poder de re- solución a los conflictos que le llegan a su estrado o sucumbir al remolino postmoderno fallando sin legitimidad de ejercicio en el rebaño urbano.

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