Sentencias y Conversatorios de Género 2022

111 superado en este caso el escollo institucional de la titulación a favor del hombre. Y es que el hecho de no ser reconocida en los actos de adjudicación coloca a la mujer en una grave situación de vulnerabilidad, la cual se exacerba cuando ocurren fenómenos de alteración de sus condiciones de existencia como los relacionados con el conflicto armado, tales como homicidio de miembros del núcleo familiar, desplazamiento forzado, despojo, abusos sexuales, entre otros. En efecto, también hemos tenido casos donde siendo evidente que la mujer es víctima de desplazamiento forzado, llega al extremo de no auto reconocerse como tal al no tener consciencia de su relación jurídica con la tierra. Piénsese, por ejemplo, en aquellos casos de posesión irregular de bienes de propiedad privadaodeexplotacióndebienes baldíos en que la adquisición es efectuada por el hombre de manera irregular, pero la mujer contribuye al sostenimiento del hombre en la tierra con sus actividades de cuidado. En estos casos, no existe vestigio formal ni institucional alguno de los derechos de la mujer frente al predio, se encuentra explotando el núcleo familiar y por ello, cuando el hombre es víctima de homicidio o desaparición forzada, se genera una profunda condición de desarraigo que la lleva necesariamente a perder cualquier clase de interés en la tierra como medio de subsistencia. Esta visión de la posesión u ocupación de la mujer, entendida como actos de cuidado o mantenimiento, es la que debe ser trasformada no solo por la sociedad sino por la mujer misma a través de una constante labor de concientización y autorreconocimiento de las mujeres mismas. Su labor debe ser vista no solo como el simple cuidado del hogar, sino como un pilar fundamental en el esquema de producción económica familiar. Lastimosamente, la realidad colombiana ofrece una perspectiva sumamente compleja, pues no son pocos los casos en que, fallecido o desaparecido el hombre, se resquebraja la percepción de la mujer con la tierra al punto de querer desprenderse de esta. En efecto, se tiene gran cantidad de casos en que, una vez desaparecido el hombre, la mujer – quien hasta ese momento se dedicaba al cuidado de los hijos – necesariamente se ve forzada asumir un reto gigantesco no solo para seguir desarrollando sus actividades, sino también las de explotación de la tierra para continuar derivando de allí los medios de subsistencia que otrora conseguía su compañero o cónyuge. Este reto se complica en mayor medida si los hijos corren los mismos riesgos que el hombre desaparecido.

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