Libro

◄· .......... .. .. ........... ♦ •• ♦ .. ♦ ..... . .. ... ♦ . ... .. ... : ellos escojan libremente. Por eso le regaló una estamp1ta de Maria Auxiliadora, con la oración de "las tres Aves Marías" por detrás, "para que lo proteja de todo mal y peligro" . Para que la víctima no sufra y muera sin dar– se cuenta, y para que a su muchacho no lo coJa ni lo mate la Policía. Esa estarnpita pasó a ocupar un lugar de privilegio en la billetera de percalina, junto con una boleta de fútbol del primer clásico que le tocó ver en el Esta– dio y con las credenciales que acreditaban a Alvarito Pérez como novio oficial de La Pelu– sa desde el 28 de septiembre de 2008. Finalmente, el muchacho recordó el día en que recibió el entrenamiento para "matar sin sentirse culpable de nada" . Esa noche la ciudad parecía desocupada. En las calles no se veía un alma, pero en el cielo tampo– co brillaba una sola luz. Acaso las estrellas andaban de vacaciones en otro planeta. El clima era primaveral. Sin una gota de lluvia, pero tampoco había motivos para sudar. La brisa acariciaba suavemente. Parecía una no– che preparada para un parto, para una bien– venida, para un romance, para un reencuen– tro. Para escribir un poema o para llevarle a la cucha una serenata de mariachis. Para reconciliarse con la vida y hacer experimen– tos de amor y de pasión. Lanoche, en fin, in– vitaba a degustar un cuento de hadas, sin el brillo de las estrellas, pero también sin tener que sacar un paraguas ni atizar el fuego en una imaginaria chimenea. El experimentado vecino que le enseñó aAlvanto lo que es ser un sicario respetable, decidió que era el mo– mento ideal para un buen entrenamiento. "¿ Quieres saber lo que se siente tener en tus manos la vida de una persona?" -le dijo . . • . . . . . . . • . .................................................. : al aprendiz de sicario con total desparpajo-. "Empieza por alguien que no tenga quién llore su muerte, que no tenga dolientes, que no le arrebate una lágrima a una madre ni le despierte remordimientos a ningún padre ausente. Puedes empezar accionando el ga– tillo contra un indigente, contra un mendigo que duerme debajo de un puente cualquie– ra" . Y así fue como el último habitante de la calle se convirtió en la primera víctima de Al– varito. Nadie lloró su muerte. Nadie sintió el dolor de una pérdida. Ningún adiós se hizo presente para presidir el fin de una historia que nadie habla querido leer. Por eso Alvari– to tampoco sintió remordimiento. Por eso la culpa no se abalanzó sobre él para atormen– tarlo. Por eso pudo pasar esa noche como si nada. Se acostó sin sueño y pensando en la nena que le gustaba -La Pelusa- y en que muy pronto tendría que pedirle que fuera su novia. La vida de un sicario se apaga - como mucho- a los veinticinco años, y hay que an– dar aprisa. No sea que lo sorprenda la muer- te sin herederos. Enseguida notó que su sexo se había desper– tado y comenzado a palpitar. Se despojó del escapulario de hilo para evitar la vergüenza de ser visto por la Patrona en un momen– to de pecado, y, por entre las mangas de la pantaloneta, introdujo la mano y comenzó a acariciarse febrilmente, alimentando las ca– ricias con el cuerpo desnudo de La Pelusa, que venía a su lado de la mano de la ima– ginación. Se sustrajo al tiempo y al espacio para entregarse a la ilusión de copular a • . • . • ; ... .. ........................... .... .......... .... . solas en la contemplaoón de un deseo aún no realizado. De disfrutar el sexo como se disfruta un soliloquio, sin palabras al aire, sin frases comprometedoras soltadas al viento, sin caricias de más. Sintió latir su corazón más aprisa en el pecho, en las sienes, en el entesado miembro. Un sudor, mezcla de frlo y calor al mismo tiempo, antecedió a la hu· medad que entibió sus manos. Suspiró pro– fundamente. Y un sentimiento de culpa se apoderó de él. Pensó que tendría que confe– sarse en la visita al santuario de su Patrona. Se secó estregando la mano en lapantalone– ta, y volvió a colocarse el escapulario de hilo. "Angel de la Guarda, mr dulce compañia, no me desampares ni de noche ni de día". Y se entregó al sueño tranquilo. Pensando que al dla siguiente sería martes, día de Maria Auxi– liadora y que debía ir a Sabaneta a renovar el compromiso con la Madre de Dios. Solo faltaban dos martes para terminar la nove– na. De ahl en adelante, seria la Patrona la que debería cumplir su parte. "Este año no se puede acabar sin que la cucha tenga una casa propia" . En el sueño la casa se presenta como el cas– tillo de un cuento de hadas, en un paisaje dominado por una luna resplandeciente y con tantas estrellas que, para contarlas, ha– bría que acomodarlas en fajos de millón. Y saldrían tantos fajos que, convertidos en bi– lletes, alcanzarían para pagar la casa en dos contados. Sin hipotecas. {!), Oiciemb1e 2011 Re•ista Judicial 55

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