Así es la discriminación La balada de un juez cualquiera Gab
22 Las cosas ., pequenasse hacen grandes, adquieren . proporciones monumentales De esta manera, el día a día de Gabriela, quien - como dije- vive lejos y cría sola a dos niños peque– ños, t iende a complicarse. ¿Por qué? Por detalles. Cosas pequeñas que se hacen grandes, que adquie– ren proporciones monumenta les. Por sucesos como estos: cuando Gabriela no va al t rabajo, porque se enfermó o lo hizo alguno de sus hijos, por ejemplo, no se gana el sa lario de ese día. Y recibir un día menos de pago afecta gravemen– te el delicado balance de su economía, ya que lo que Megaempresa, contratada por la rama j udicial para prestar los "servicios generales", le reconoce mensualmente equivale al salario mínimo legal vigente en Costaguana; poco más de trescientos dólares al mes. Un "contratíco" • • Pero los efectos de la "tercerización" que sufre Gabriela no se agotan ahí. En sus cua- renta y tantos años de vida, y mucho menos Sin prima, en los diez que ha pasado sirviendo café y cesantías trapeando corredores en el Tribunal Consti - . • n, vacaciones tucional, nunca ha sabido qué es eso que las leyes costaguaneras llaman "un contrato labora l a término indefinido". No, a ella la empresa que le paga el sueldo -aunque rea lmente trabaj e en su querido tribuna l- le hace "contraticos" que pueden ser de tres o seis u ocho meses. Lo cierto es que poco a poco se ha venido resignando a nunca tener trabajo en la temporada navideña o a mitad de año, por lo que difícil– mente se acuerda ya de lo que es esa prestación social a la que llaman prima. Tampoco ha tenido cesantías ni está famil iarizada con eso que llaman vacaciones, que son para Gabriel a dos rubros de lo que le liqui– dan cada tres, seis u ocho meses, y que mal haría en gastarse porque es lo ún ico que le queda para pagar sus gastos y los de su famil ia en el mes largo que tiene que esperar pa ra el nuevo "contratito". Gabriela no se queja mucho. Recuerdo que me dijo que la hacía feliz trabajar y que aunque a diario recibe órdenes de unas cincuenta perso– nas aparte del supervisor de Megaempresa, ha encont rado gente ama– ble en el Tribunal. Esa gente, me contó con cariño, defiende los dere- Gabríela
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