Así es la discriminación La balada de un juez cualquiera Gab
14 Los estereotipos vuelven ciego e insensible aljuez, frente al enfoque de género al momento de decidir enjusticia La balada de unjuez cualquiera cerebro, llenándolo de estereotipos, volviéndolo ciego, insensible, frente al enfoque de género al momento de decidir en justicia. Sí, él ha leído los artículos 13 y 43 de la Car– ta -como persona estudiosa que es- y sabe que en nuestro orden constituciona l los hombres y las mujeres son iguales. Sin embargo, como pasaré a conta rl es más adelante, en su labor cotidiana desconoce ese mandato de igualdad tan impor– tante. Lo peor del caso es que si algu ien de uste- des lo interpelara y le preguntara "Oye, Fernando, ¿t ú eres machista?", él reaccionaría con ind ignación y respondería con un rotun– do no, aclarando que él también, a veces, lava los platos en su casa. Porque así operan los estereot ipos. Son como la hipertensión: asesinos si– lenciosos de la justicia: hacen ag ravios y tuercen entuertos. Su empleo al mo– mento de evaluar el comportamiento de las partes en un determinado proceso, en términos de la jurisprudencia de la Corte Constituciona l, "se traduce en la adopción de preconcepciones basadas en prejuicios que puede llegar a constituir una acción discriminatoria." Específica mente, señaló recientemente el Tribunal, "esto puede ocurrir cuando la negativa de protección de un derecho fundamental responde en cierta medida a un juicio de reproche por desviación del comporta– miento esperado de una persona que es situada en alguna de estas dos circuns– tancias: en un caso, se considera que la persona se ha desviado del estereotipo esperado de acuerdo a, por ejemplo, su género; en el segundo caso una persona es identificada, implícita o explícitamente, con un estereotipo negativo, a saber un comportamiento que si bien no es ilegal, sí es considerado reprochable.'ª Pero ya han pasado las horas y Fernando ha terminado la mañana, ha tomado un almuerzo y vuelve a su oficina. Reti ra del arrume un nuevo expediente y aho– ra se dirige directo hacia el desastre. Se trata de un caso doble de acceso carnal violento. Nuestro juez cualquiera recuerda bien la aud iencia: el procesado, un tal Diego Alberto, un tipo flaco y ch iquito con cara de yo no fui, andaba vagando por un parque en compañía de cuatro compinches y una botella de ron. Eran como las dos de la madrugada. 3 Sentencia T-634/ 13
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