Así es la discriminación La balada de un juez cualquiera Gab

12 La balada de unjuez cualquiera Fernando, el juez cualquiera, el buen hombre, ha visto el comercia l sin ver– lo. Con la mirada vacía, casi bovina, ha contemplado este esperpento. Es bien sabido que la publicidad reproduce estereoti pos. Que encasil la a los géneros en roles inamovibles, reproduciendo los prejuicios. ¿Alguien ha visto alguna vez un comercial de detergente protagonizado por un hombre? Yo nunca. ¿Alguien ha visto alguna vez un comercial de detergente protagonizado por un hombre? Siempre la misma historia: mujeres encadena– das a la lavadora, atormentadas hasta el deses– pero por obtener blancos más blancos o colores más vívidos; súbitamente liberadas al descubrir el poder liberador del nuevo j abón para la ropa, que les permite pasar más t iempo en la cocina o planchando. Pero Fernando, nuestro juez, ve las imágenes pasar y es como si nada. Sigue el rastro del olor del café que burbujea en la cocina y se dispone a desayunar. Al juez cualqu iera, le gusta empezar los días bien informado. Como mi llones, al sentarse a la mesa enciende la radio y abre el periódico. Lo ojea, pasea los ojos por las col umnas mientras la voz de un reconocido locutor, de fondo, habla de un percance ocurrido unos días atrás en una dis– coteca. Y ahí está también en las páginas de El Tiempo: Aljuez cualquiera le gusta empezar los días bien informado... ...como esa a la que dizque violaron en ese oscuro parqueadero de la discoteca Nuevamente pasa algo en Fernando. Pero esta vez no se trata de pasividad. La mirada no está vacía; por el contrario, sus ojos se encienden de ind ignación. ¿Acaso condena lo que ha leído? Pa ra nada. Piensa en su hija adolescente y le ofusca la idea de que existan padres irresponsa– bles que permitan a sus retoños sa lir vestidas así, como esa a la que dizque violaron en ese oscuro parqueadero de la discoteca. Con un gesto furioso deja el periód ico en la mesa.

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